
Desgraciadamente lo fugaz de nuestra posmodernidad y la dinámica “blogueana” no lo permite, pero sin dudas lograríamos plasmar aquí mil y una razones para que estés en la Selección, Carlitos. Es sabido: todo esto se trata de jugar bien al fúlbo. Entonces tendríamos que empezar a hablar de tus goles en Boca, del oro Olímpico, de tus gambetas largas en velocidad, de cómo cubrís la pelota, de cómo la amasás en las narices de los defensores, del gol a Serbia y Montenegro, de los caños a los lungos alemanes en el 2006, etc. Pero sólo eso no alcanza…al final de cuentas hablamos de la Selección Argentina. Entonces pasaríamos a hablar de humildad, de mística, de ambición, de ir al frente, de festejo alegre, de trabar fuerte abajo una pelota dividida, de liberar el potrero en Primera, de chocar a muerte contra adversarios enormes o de cagarse a trompadas en la práctica con un negro mucho más grande que vos. Pero también se necesita experiencia. Bueno ahí hay finales (ojo!...ganadas) de campeonato argentino y brasilero, de sudamericanas, de Juegos Olímpicos, de Libertadores y de Intercontinental que respaldan. Qué más? Bueno, sos ídolo en Brasil (y nada menos que en Brasil) y sos ídolo en Inglaterra (y nada menos que Inglaterra), pero sobre todo sos ídolo acá. Y si de ganas de estar entre los 22 se trata, ahí estás vos para declarar con tu sencillez de siempre que a la Selección vas aunque sea para atajar. Puede ser una declaración como tantas de otros “seleccionables”, pero hay una gran diferencia: la tuya es creíble, Carlitos. Por todo esto, y por las innumerables razones sabidas que la mezquindad del espacio nos prohíbe esgrimir, desde acá te bancamos. Pero no te bancamos a la ligera, Carlitos: te bancamos a muerte.
2 comentarios:
Queremos a Carlitos bailando cumbia por toda Venezuela!
Es Carlitos más 10. No se discute.
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