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La Copa no se ganó - FRACASO
El catenaccio de Brasil expuso con una crudeza excesiva, casi obscena, las falencias de la Selección Argentina, una de las selecciones argentinas que más me gustó últimamente, por momentos. Pero más allá de lo bueno y lo rescatable, hoy están los ERRORES de este equipo argentino, como fantasmas alcahuetes, para buchonear las razones de porqué la Copa América no vino para Argentina.
- La fragilidad de la defensa. A pesar de que este equipo demostró que pudo dar vuelta un 1-0 abajo, si destacamos lo positivo, vamos a ver que en 3 de 5 los partidos que Ayala jugó de titular –menos contra México y Perú-, DIO LA CASUALIDAD de que Argentina comenzó perdiendo el encuentro.
- La tibieza del arco. El pato Abbondanzieri estuvo lejos del nivel que mostró en el Mundial. De regular para abajo, en ningún momento se puso las pilchas de héroe para salvar al equipo ni para grabar en las memorias una atajada inmortal. Evidentemente, también hubo “ruido comunicacional” con Ayala, que se evidenció en el segundo gol de Brasil, convertido por Ayala luego de un tibio ¿centro? ¿buscapié? ¿tiro al arco?, de un LATERAL brasileño. Y paso al siguiente punto.
- LATERAL es un jugador que juega en defensa pero pasa al ataque para eso, justamente, atacar, aunque parezca una obviedad, no lo es. O sea, no cruza la mitad de cancha para conocer personalmente al arquero rival, para ponerse a la sombra, para escuchar indicaciones del banco, para estorbar, para sacarle los centros a Batistuta, para salir en las fotos de los fotógrafos del arco rival, para “ver qué onda acá”, para escuchar los chistes que cuentan los volantes o porque no se banca a los compañeros de la zaga. No, pasa para ATACAR, con convicción y el manejo mínimo para correr con la pelota entre los pies y sacar un centro. Sacar un centro, no tratar de asesinar con repetidos pelotazos al lateral o zaguero rival, para tirar un pase aéreo con destino a un compañero, preferentemente. O, incluso –y no quiero escandalizar- patear al arco, ¿porqué no? Los laterales son indispensables para abrir la cancha, desbordar, y sumar gente cuando se te meten 11 tipos en su campo, como el jogo bonito de Dunga. Coco, Heinze es central, y Zanetti... Zanetti es un buen muchacho, tiene una fundación, es un jugador que hasta se puede decir que cumple –si por cumplir NO se entiende volver con una Copa- pero queremos un equipo que ataque.
- La falta de volantes ofensivos. Es necesario, para no terminar dependiendo de una jugada individual, que los volantes se suelten de su línea y pasen al ataque, al menos de a uno, y acompañen al enganche y los delanteros. Mascherano, que es 5, volante central o “tapón” –es decir, el único que podría llegar a exceptuarse de esta vocación ofensiva- fue el único que lo entendió. Cambiasso, Verón y González nunca lo asimilaron. No puede ser que, si Riquelme, Messi o Tevez se llevan dos tipos en la marca, nadie sobre, nadie infle el pecho para tener la pelota y encarar el arco. El único que lo entendió, repito, fue Mascherano. Personalmente pensé que Riquelme y Verón se complementarían. Me equivoqué, Verón en ningún momento aportó despliegue, ni marca, ni un pase en profundidad, nada. Clarín habla de “el espíritu de Verón”. Nada más cierto: un muerto, un alma en pena, un bulto que no se menea; en el mejor de los casos, una aparición. Ni siquiera corrió. Recuerdo que una vez pateó al arco y dio en el travesaño. Me acuerdo que una vez se tiró a los pies. Me acuerdo, que una vez.
Quizá no sean todos, pero éstos son los errores principales que deberían preocupar al DT de la Selección de acá a las eliminatorias y a cualquier torneo que se cruce de acá al Mundial –creo que no hace falta que diga que es OBLIGACIÓN ganar lo que se cruce, no?-. Esto, sumado al recambio generacional (al recambio de la generación “F”) es lo que debería quitar el sueño del seleccionador nacional de acá a tres años.
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